viernes, 15 de abril de 2011

HACÍA MUCHO, DEMASIADO TIEMPO

Se conmovió al recordar sus noches junto a él, y la sensación de unos labios que no eran suyos. Hacía mucho, demasiado tiempo, que la acompañaba la soledad inmensa de una alianza sin pareja. Dejó subir la excitación a su pecho al sentir las sábanas. Las ansias y el rubor de sus recuerdos llevaron su camiseta por encima de la cintura. Saboreó sus propios dedos y fantaseó creyendo que su mano, la que acariciaba su pecho y su rostro, era la de otra persona. Se supo desbordada y le satisfizo la calidez de su cuerpo. Ya no escuchaba más que el silencioso estrépito de su respiración, el metrónomo que marcaba el movimiento de su mano, la maestría de sus dedos. Hacía mucho, demasiado tiempo...

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