viernes, 30 de mayo de 2014

VENTURAS Y DESVENTURAS DE EL TITI Y EL MARQUÉS XLVIII




Manolo acostumbra a echar el cierre tarde, cuando ni siquiera los borrachos violentos albergan esperanzas de que su reducida psicomotricidad les permita oponer la más mínima resistencia. Al grito de: "Venga, que ya es hora de que hagáis algo de provecho", Manolo invita de madrugada a salir del local a lo más perseverante de una clientela remolona pero obediente.
Pero una noche se le quedó en el redil una oveja del rebaño, Juanillo El Tridente. A Juanillo le llamaban así porque su culo no había conocido sillón de dentista y, fruto de aquella desidia odontológica, en su boca ya sólo quedaban un paleto de arriba, una muela y un incisivo tan afilado como sus comentarios.
-¿Y a ti que te pasa? Llevas toda la noche ahí arrinconado con cara de perro al que acaban de apalear. Y lo que es peor, sin hacer gasto. Venga, que cualquiera diría que no tienes casa.
-Ya no.
Juanillo permaneció con la cabeza gacha, aferrado a aquel botellín de quinto vacío desde hacía horas.
-¿Y eso?
-El banco.
Manolo no dijo nada. Bajó una botella de DYC y dos vasos del estante, y sirvió sendas raciones largas de segoviano.
-Esto no ayuda, pero falta un buen rato hasta que abra la sucursal y pueda dejarte lo que necesitas.
Juanillo le miró desconcertado.
-Pero Manolo, ¿cómo vas a conseguir tú el dinero? -preguntó mirando la desoladora imagen de un local que solo podía dar pérdidas e insomnios.
-¿Te he preguntado yo cómo lo perdiste tú? Pues calla y bebe, que aquí ya no hay más que hablar hasta que amanezca.

jueves, 29 de mayo de 2014

CINCO

En su pequeño universo, Samuel era incapaz de asimilar todo aquello que iba más allá del cinco. Sabía contar hasta el diez de carrerilla, pero pasado el cinco no era consciente de si aquello era mucho o poco, y cambiaba con frecuencia el orden de los números, convirtiendo aquel ejercicio de memoria en un personal caos numérico. Sabía que tenía cinco dedos en cada mano y otros tantos en cada pie, que había cinco peluches sobre su cama, que había que subir cinco escalones para entrar en el colegio, y que el coche de mamá tiene cinco marchas y cinco ruedas, cuatro puestas y una escondida. Samuel pensaba que solo se podía tener cinco amigos, y al que se acercaba cuando el cupo de amistades estaba lleno lo miraba con recelo. Las tardes de paseo, le gustaba contar coches, cada vez que contaba cinco volvía a empezar. Para él todos los edificios tenían cinco plantas, el resto formaba parte de un infinito inabarcable para sus prematuras entendederas. Y su madre era incapaz de entender por qué cuando compraba media docena de huevos, al poco de meterla en la nevera, siempre aparecía uno fuera de la caja.

Con cuatro años y medio, Samuel empezó a pensar que cuando cumpliese cinco todo se acabaría. Aquella época coincidió con la muerte de su abuelo, que ya había cumplido cincoymuchos. Fueron semanas de noches largas en las que, desde su cama, escuchaba a su madre llorar a escondidas. Lo que más miedo le daba a Samuel era aquel no saber qué pasa cuando todo se acaba.

La noche previa a su quinto cumpleaños, Samuel dejó nervioso que la rutina diaria pasase. Quedó confuso cuando su madre se limitó a darle un beso de buenas noches. “¿Solo un beso, ni siquiera una lágrima o un te voy a echar de menos? ¿Se te ha olvidado que mañana cumplo cinco años? ¿No recuerdas que mañana cuando te levantes se habrá acabado todo?”, pensó mientras se cerraba la puerta de su cuarto y se despedía para siempre de sus cinco peluches aprovechando el último resquicio de luz que llegaba desde el pasillo.

Por la mañana, se sorprendió al comprobar que seguía teniendo brazos y piernas, que podía moverse, incluso levantarse de la cama. Le agradó ver que sus cinco muñecos se habían decidido a acompañarle en aquel viaje. Al abrir la puerta de su habitación escuchó al final del pasillo a alguien moviéndose en la cocina. Entró con cautela y se le dibujó una enorme sonrisa al encontrar a su madre moviéndose de un lado a otro, tomándose apresuradamente una taza de café mientras colocaba sobre la mesa su desayuno. “Todavía estás así. Venga Samu, desayuna rápidamente y cámbiate, que tengo mucha prisa y llegamos tarde al cole”, le recriminó con más prisa que contundencia.


-Sabes mamá, no te preocupes más por el abuelo. Está bien. En realidad, estar muerto no es tan diferente.


miércoles, 28 de mayo de 2014

LA MALETA


...
-Mi maleta. Le digo que quiero saber dónde está mi maleta. Acabo de llegar de viaje y necesito mis cosas. En la maleta tengo toda mi ropa, documentos importantes y mi medicación, y no ha aparecido en la cinta de equipajes... Nada... No hay manera... Do you speak english? Parlez-vous français? -Contaba con que la barrera idiomática me causaría algunos problemas, pero no tantos ni tan pronto.

Opté por comunicarme a través de gestos. Afortunadamente, no tardé demasiado en hacerme entender. Señalé la maleta de otros viajeros que habían tenido más suerte que yo, y con una lamentable actuación de mimo desahuciado logré que mi apático interlocutor cambiara el gesto y me pidiera que me acercase al mostrador. Cogió el billete y tecleó el identificador del pasaje. Tras apretar el intro del teclado sonrió y empezó a asentir. Giró levemente la pantalla y me enseñó la línea en la que se podía leer: "Flight: Arrival... Baggage: OK".

-Eso es imposible. Mi maleta no ha venido en este vuelo. Me he quedado hasta que ha salido el último bulto por la cinta y no estaba la mía. Mi maleta no está aquí-. Mi queja desesperada no tuvo más réplica que un rostro de nuevo impenetrable del que, sabía, no iba a obtener nada más allá de aquel “OK” que reflejaba la pantalla.

Cuando emprendí este viaje, elegí decididamente aligerar recuerdos y reducir el presente a lo que entrase en aquella maleta: algo de ropa, dinero y los documentos cuya ausencia me atan a este aeropuerto en el que nadie se queda menos yo.

Consumidas las divisas y agotados los medicamentos de mi escaso equipaje, el ambiente turbio de la zona de tránsito no ayudó cuando la tos se agarró al pecho con ganas de alojarse para siempre en el pulmón. A pesar de todo, cada día cumplía sumiso con mi rutina de reclamar el equipaje hasta acumular cientos de hojas amarillas, escritas cada vez con más desidia, sin obtener noticia de una maleta que, según  aquel ordenador, estaba ya en mi poder.


Aquí todos los días son iguales. No podría especificar cuánto tiempo ha pasado desde que bajé de aquel avión hasta ahora que me suben a esta ambulancia. Y desde aquí, tumbado en esta camilla, frente al cartel que hay sobre la puerta central del aeropuerto, acabo de descubrir que la maleta sí había llegado a su destino.

martes, 27 de mayo de 2014

NIÑOS

Una vez conocí a un niño de mi misma edad, Matías. A los dos nos preocupaban cosas tan importantes como cumplir pronto con nuestras escasas obligaciones para poder ir cuanto antes a jugar con los amigos, que en el comedor no se enterasen que escondíamos las acelgas en los bolsillos para luego tirarlas, o encontrar un sitio tranquilo en el parque donde pasar horas jugando a darle pataditas a una piedra con la puntera del zapato.
A ambos nos gustaba comer caramelos a escondidas, aunque nos dijesen que se nos iban a caer los pocos dientes que teníamos, y que nos pintaban una boca desordenada, como de piano a medio montar. 
Como niños que éramos, no nos asustaba la muerte, nos agobiaba lo aburrido que tiene que ser vivir eternamente después de muerto. "¿Si te mueres siendo un niño, te dejan seguir siéndolo para siempre? ¿Hay juegos para tanto tiempo? ¿En la eternidad hay acelgas? ¿Y bolsillos para esconderlas?"

Matías ya lo debe estar comprobando. A él, pasados los 70, la enfermedad le devolvió a la niñez, y a mí la envidia de querer disfrutar la misma sonrisa infantil que veía en su cara.
Anoche, cuando nadie le lloraba en el hospital, vino a despedirse a mi habitación en la residencia: "No tengo mucho tiempo. Solo he venido para decirte que te espero en el parque". Y sonrió.

sábado, 24 de mayo de 2014

EL FOROFO

Le importunaba sobremanera que ocupasen su asiento en el estadio. En su abono de toda la vida lo ponía bien claro: puerta 15, Tribuna Alta, fila 5, asiento 12. Entonces, ¿por qué tenía que encontrarse, un partido tras otro, a alguien en su localidad? Y lo que es peor, por qué tenía que soportar que no le hiciesen ni caso cada vez que les pedía que lo dejasen libre. Él, que se había pasado la vida empujando en cada jugada, arañándole al reloj cada segundo en los partidos que apuntaban a victoria, y abrazando la camiseta con más fuerza si cabe en las derrotas. Cómo no podían entender que su cuerpo estaba en la puerta 5 del sector C, pasillo 14, parcela 16B de aquel inmenso cementerio, pero su espíritu seguía en el asiento 12, de la fila 15, de la Tribuna Alta de aquel estado que prácticamente le vio nacer.

viernes, 23 de mayo de 2014

VENTURAS Y DESVENTURAS DE EL TITI Y EL MARQUÉS XLVII

Una vez eliminada la máquina tragaperras de El Tropical, Manolo optó por tapar el hueco con una diana electrónica. Al tercer tuerto, consideró su decisión y pensó que sería más inofensivo cubrir con una foto panorámica de Cádiz el cerco que había dejado en la pared la maquinaria recreativa.
-¿Y esa foto Manolo? -preguntó extrañado El Titi.
-¿Pero tú no eras de Soria? -remató El Marqués.
-Sí, pero tengo la mala costumbre de veranear sin bufanda.

jueves, 22 de mayo de 2014

EL CARAMELO DE GUTIÉRREZ



Hoy, el mismo día que cumplo los sesentaytodos decidí pasar de nuevo por aquella pastelería. A medida que cruzaba la plaza me veía a mí mismo hace décadas, de puntillas, con las uñas incrustadas en la madera repintada de blanco de aquel escaparate. Era capaz de pasar horas contemplando el interior de aquel lugar, el fabuloso muestrario de joyas edulcoradas que se encargaba de custodiar aquel hombre de bigotillo fino y cuidado cuyo apellido ilustraba la fachada del establecimiento. Permanecía allí, agazapado, contemplando ensimismado el interior del local. Hasta que me descubrió la hija del señor Gutiérrez. Instintivamente me agaché. Ella salió, con su sonriente mirada dijo: "Mi papá me ha pedido que te dé esto". Alargó la mano y me entregó un caramelo justo antes de salir corriendo. Desde entonces y durante años, todos los sábados se repetía la escena: yo me quedaba en el escaparate y cuando ella se percataba de mi presencia metía sonriente la mano en el bote de los caramelos, me llevaba uno y regresaba presumida a ayudar a su padre. 
Esta mañana, tras años de lejana ausencia, cuando por fin he llegado al escaparate de la pastelería Gutiérrez, me ha sorprendido comprobar que mantenían aquel escaparate de madera repintada de blanco, y que en el interior permanecía el mostrador con vitrina primorosamente cuidado. Tras él, una señora de pelo cano y aspecto elegante y junto a ella una niña que, cuando me descubrieron al otro lado del cristal, salió obediente de la tienda. "Me ha dicho mi abuela que le entregue esto". La pequeña deslizó por las arrugas de mi mano este caramelo que ahora descansa junto a los demás haciendo montón sobre la mesa. Nunca los pude comer, pero todo este tiempo ha sido mi particular tesoro, no podía permitir que una vulgar diabetes me apartase de aquella mirada sonriente.

EL MUNDO

Cuando por fin se decidió a comerse el mundo acabó pidiendo al maitre la hoja de reclamaciones por indigesto.

miércoles, 21 de mayo de 2014

LA CARTERA Y LA PALABRA

Tras varios robos, escondió la cartera en el bolsillo de la chaqueta donde guarda el libro. "Aquí no buscará nadie". Y le tomaron la palabra.

lunes, 19 de mayo de 2014

EL JUEGO

...
-Me preocupa verte así. Intenta tranquilizante y explícame qué ha pasado y cómo llegaste allí.
-Fue por aquel maldito anuncio en el periódico. Prometía dinero fácil de forma inmediata. Y tú sabes mejor que nadie en qué situación estoy: el divorcio, el embargo, más de tres años sin trabajo... -empezó a explicarle Tristán a su amigo mientras miraba con compulsiva desconfianza al resto de clientes del café.
-¿Te han timado? ¿Es eso? Joder, Tristán, huele a estafa de lejos. ¿Cuánto dinero has palmado? ¿Cuánto necesitas esta vez?
-No, no es eso. Escúchame -bebía a pequeños sorbos del vaso que tenía sobre la mesa -. Mandé un mensaje al teléfono móvil que venía en el anuncio, y me respondieron con otro en el que venía una hora, una dirección y un código de seis dígitos.
-¿Y fuiste?
-Sí, aunque sonaba un poco raro, no podía dejar de intentarlo. La cita era en un edificio de oficinas, en la zona industrial. No salió nadie a recibirme. La puerta de la calle estaba abierta, y al final de un pasillo al que daba acceso había otra puerta con un teclado en el que intuí que debía marcar el código que me habían mandado por teléfono. Entré en una sala oscura, que parecía enorme por el eco que rebotaba en las paredes sin ventanas. Estaba amueblada únicamente con una silla y una mesa situadas en el centro, iluminadas por la pequeña claraboya sucia del techo.
Sobre la mesa había un maletín y un sobre, y al fondo, escondido en la oscuridad que ocultaba todo a mi alrededor, un reloj que marcaba una cuenta atrás y dos marcadores parados ambos en el 50.
El sobre estaba a mi nombre así que, después de preguntar varias veces en voz alta si había alguien allí y no obtener respuesta, lo abrí.
-¿Y? -Tristán levantó la vista y encontró a su interlocutor ojiplático. -¿Quë había dentro del sobre?
-Un mensaje -Tristán intentó reproducir textualmente lo que había leído: "No se haga preguntas. No se cuestione nada, no le servirá de mucho. Ha venido a ganar dinero, mucho y de forma inmediata, y eso solo se consigue jugando fuerte,  que es lo que le proponemos, que juegue. En el maletín que tiene frente a usted hay un millón de dólares. El juego consiste en que lo coja o lo deje. Si decide llevárselo, usted será millonario, si rechaza el dinero se irá y no pasará nada. Pero un juego no es realmente interesante si no hay unas reglas y cierto riesgo. En este caso, si se lleva el maletín con el dinero morirá alguien en algún lugar del mundo. Para su tranquilidad le diré que se trata de alguien que usted no conoce. Todo sucederá a miles de kilómetros, algo tan simple como un asesinato sin resolver de los muchos que ocurren cada día en todo el mundo y al que jamás podrán vincularle. Piense que se trata simplemente de alguien que, aunque involuntariamente, también pasará a formar parte del juego.
Si opta por no llevarse el dinero, salga por la misma puerta por la que ha entrado y no se moleste en llamar a la Policía, antes de que pueda marcar el número, nada de esto habrá sucedido". -Tristán apuró el vaso y continuó con su entrecortado relato -. Mientras leía en voz alta, me di cuenta de que con cada uno de mis gestos los marcadores disminuían y aumentaban proporcionalmente uno respecto al otro. Entonces comprendí que detrás los que realmente jugaban eran quienes estaban apostando sobre qué decisión iba a tomar. Cuando apenas faltaban diez segundos se heló el sudor frío que invadía mi tembloroso cuerpo y...
-¡¿Qué hiciste?!
Tristán miró fijamente a su amigo y le espetó: -¿Qué habrías hecho tú?

viernes, 16 de mayo de 2014

VENTURAS Y DESVENTURAS DE EL TITI Y EL MARQUÉS XLVI



El suelo de El Tropical, limpio, lo que se dice limpio, solo lo está los viernes después del último menú del día de la semana.
El resto de los días, los parroquianos se han acostumbrado a esa rugosidad de lija bajo los zapatos y esa adherencia innata de un suelo que Manolo confiesa sin pudor: "se limpia lo justo para que no lo cierre Sanidad y estéis como en casa".
De lunes a jueves, después de las comidas, Manolo saca la escoba a pasear "para quitar lo más gordo, lo que más se ve".
Pero los viernes es diferente y, El Titi y El Marqués, que suelen cerrar el turno de cocina ese día, ya se han acostumbrado a mover la cuchara al ritmo anárquico y machacón de unos compulsivos golpecitos contra el suelo.
La primera vez que les ocurrió no pudieron por menos que preguntar abrumados por el pasmo: -Manolo, ¿se puede saber que hace una docena de pollos picoteando el suelo?
-El departamento de I+D+I de El Tropical, que se ha puesto a trabajar y me ha dicho que esto me sale más barato que una aspiradora, y así vais conociendo el menú de la semana que viene.

jueves, 8 de mayo de 2014

VENTURAS Y DESVENTURAS DE EL TITI Y EL MARQUÉS XLV


Cada sobremesa, cuando la partida de mus es Ley, y alrededor de la mesa se arremolinan moscones como atraídos por el olor dulzón del anís con hielo, El Titi se queja amargamente de que esté prohibido fumar en el interior de El Tropical.
-Esto ya no es lo que era. El mus sin tabaco no es lo mismo.
-Pero si tú ya apenas fumas, Titi -se extrañó El Marqués mientras mareaba a la aristocracia confiando en ligar una mano con la que aspirar a algo más que a envites a chica.
-Ya, pero me gusta hacer gasto.
-La verdad es que sí se echa de menos un buen puro caribeño, de esos que se disfruta cada bocanada. ¿Sabías que la palabra tabaco viene de Cuba? Fumaban las hierbas con unos tubos. Tubos. Tubacos. Tabaco.
-Marqués todo eso está muy bien, pero el tabaco solo sirve para que no se acerque la gente. Cuanto más barato y más humo eche, mejor para librarse de los mirones. Órdago a grande, chica, pares y juego.
-La madre que te parió.

EL RECEPCIONISTA

Como regalo de jubilación, el viejo recepcionista pidió ver el interior de alguna de las habitaciones cuyas llaves gestionó durante décadas.

martes, 6 de mayo de 2014

SOÑÓ QUE ABRÍA UNA CAJA

Soñó que abría una caja que contenía un sobre y dentro, un anillo con la fecha de un calendario que estaba en una habitación junto a un reloj parado, cuyas agujas señalaban a un sombrero con una dirección en la etiqueta, de la que se vio salir llevando en la mano una caja que contenía un sobre y dentro, un anillo con una fecha...

viernes, 2 de mayo de 2014

VENTURAS Y DESVENTURAS DE EL TITI Y EL MARQUÉS XLIV



En un lugar de desoficiados como El Tropical el único que tiene constancia del día de la semana en el que vive es Manolo: martes, proveedores y mus; miércoles, futboleros de Champions y mus; jueves, reponer bebidas y mus; viernes y sábado, algún turista despistado pide comer y mus; domingo, solo la parroquia acude a misa y mus; y lunes, facturas mus y mal café.
-Manolo deja esos papeles y ponme un carajillo de baylleis, que el café no hay quien se lo tome -reclama el Titi mientras Manolo, harto de revisar deudas, coge la copa y las botellas y se acerca a él con cara de pocos amigos.
-Aquí lo tienes princesa. Y las prisas nos las guardamos en casa, que entre que yo no puedo salir de aquí y tú no tienes nada que hacer, a ninguno nos esperan como para tener q salir corriendo.
-No sé cómo te pueden sentar tan mal los lunes Manolo.
-Titi, a ver si te enteras que yo me cago en los lunes.
-Y te sobra mierda para los martes.