viernes, 6 de junio de 2014

VENTURAS Y DESVENTURAS DE EL TITI Y EL MARQUÉS L



En esa suerte de politeísmo suburbial que profesa la parroquia de El Tropical, Mágico González, Camarón y el inventor de la tortilla de patatas comparten cera de altar con El Cordobés, Joselito y José Tomás.
En el bar, el ABC solo se compra los lunes para leer las esquelas y las reseñas de Zabala. Y aunque Manolo siempre ha querido tener la cabeza de algún buen morlaco lidiado en Las Ventas colgando de la pared, nunca ha tenido ni la ocasión ni el dinero para conseguirlo y se excusa diciendo que "en este local ya hay bastantes perchas sentadas en las mesa, como para meter más".
Las tardes de toros en las que El Titi se cuela en el callejón de la mano de un monosabio cuñado de El Chimenea, se viste el alma de purísima y oro. Y de vuelta en El Tropical pone banderillas a las olivas, torea de salón con las servilletas y se deja rodear por el humo con olor a rico que desprenden los cigarrillos liados con las colillas que recoge en la barrera de Las Ventas y su tabaco de negro comprado a granel.
Cuando todos blasfeman al hablar de los antitaurinos, El Titi sentencia: "Yo no pierdo un segundo en discutir con esta gente".
-Di que sí Titi.
-No pierdo el tiempo con ellos porque tienen razón. Los toros son una barbaridad y tendrían que prohibirlos. Pero a mí me gustan tanto que mientras lo hacen no puedo dejar de ir.

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