martes, 22 de julio de 2014

VENTURAS Y DESVENTURAS DE EL TITI Y EL MARQUÉS LVI




El Marqués, que siempre ha sido asiduo de terracitas frecuentadas por viudas y divorciadas con dote que administrar, convenció a Manolo para que colocase una mesa y un par de sillas en la calle que él se dedica a usar a modo de despacho. "Manolo, no hay negocio bueno que no se haya firmado en un bar", fue el principal argumento para convencer al dueño del Tropical. "A las oficinas solo se va a perder el tiempo", concluyó su escueta pero exitosa demanda.
La cabeza de El Marqués es la del  emprendedor soñado por los dadores de subvenciones públicas, un inagotable nicho de proyectos abocados al fracaso.
Para El Marqués, la terraza de mesa única del Tropical es el sitio perfecto para cerrar sus negocios. Un lugar que sus potenciales socios no han visitado jamás y al que sólo volverán una vez, para preguntar por aquel tipo de apariencia elegante con el que había cerrado un negocio a las puertas de aquel local. Manolo había aprendido a repetir de carrerilla y con desidia: "Noconozcodenadaaeseliante. Nolohevistonunca. Poraquípasamuchagenteynomepuedoacordardetodos. ¿Quévaatomarelcaballero?". Mientras, El Marqués, con un plato de olivas y una caña sobre la cisterna, espera pacientemente a que salga su víctima del establecimiento.
-Marqués esta semana ya van seis -hace recuento El Titi mientras Manolo cumple con el protocolo de pasar la bayeta sucia por la barra del Tropical cada vez que un cliente abandona el bar. -Cuándo aprenderán que tienes buenas ideas para ganar dinero, pero mejores para gastarlo.

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