miércoles, 4 de mayo de 2016

EL ASESOR: Diario de campaña

Empezó a forjar fama alejando a los candidatos de los paseos por el centro urbano, los achuchones de octogenarios y los besamanos a bebés. Sus innovadoras propuestas pasaban por hacer saltar al candidato en paracaídas, dar mítines en lo alto de mesas de concurridas churrerías, dejarlos ver en clases de zumba, campeonatos de lanzamiento de hueso de oliva, carreras de camareros con tacones…

Antes de llegar hasta aquí, trabajó como asesor para alcaldes aficionados al vaso largo sin hielo, responsables de Diputación afines al ocio con dinero ajeno, presidentes autonómicos entregados a los líos de faldas, directores generales expertos en tropezar con los tantos por ciento que se pierden por el camino, y ministrables abonados a la torpeza.

Rodeado de mediocridad, no tardó en convertir sus desatinos en virtuosismo.

Unos políticos incapaces de hacer su trabajo y una repetición de elecciones como consecuencia de esa incompetencia, la ocasión ideal para encumbrarse como asesor de un partido sin programa, unas siglas sin sentido y un candidato sin carisma.


“Hola, soy Juan Cuadrado, el asesor, y vengo a convertirle en Presidente”.


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