miércoles, 25 de mayo de 2016

SU PRINCIPAL ENEMIGO

Cada vez que sus padres se sentaban frente a él sabía que era augurio de nefastas noticias. En aquella ocasión, el tono didáctico y conciliador, casi de negociador de conflictos internacionales, descartó que la charla fuera efecto de una causa generada por su inconsciencia infantil.

Sus padres le hablaron de cambios, de compartir cuarto, juguetes y afectos. De una visita para toda la vida a la que querer y cuidar. De todo aquello, él solo sacó una conclusión: se acercaba el enemigo

Asumió resignado la llegada, al tiempo que replanteó su estrategia en la guerra de guerrillas de su particular insurrección infantil en busca de acaparar la atención de sus progenitores. Cuando apenas faltaban unos días, creía estar preparado. Sabía que el rival era difícil de vencer pero sus cuatro años le daban la experiencia necesaria como para sortear aquel inminente peligro.

Por fin, llegó el día."Ha venido antes de lo previsto", pensó cuando sonó el timbre y se le agarraron los nervios al estómago. Tardó en poder estar a solas frente a él. No había tiempo que peder. Debía ser muy rápido. Se aseguró de que no había miradas indiscretas y lo lanzó al inodoro.

No estaba dispuesto a que aquel teléfono de última generación, que su padre había comprado con la excusa de tener las mejores fotos y vídeos del recién nacido, acaparase aún más atención que los móviles, las tabletas y los ordenadores que ya había en casa. No estaba dispuesto a que se convirtiese en su principal enemigo, y el de su hermano.

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