martes, 2 de agosto de 2016

EL CUÑAO DE MI CUÑADO

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Si en algo es experto el cuñao de mi cuñado es en convertir una apacible barbacoa en una actividad de frenopático. Fiel impulsor de la barbacoa en agosto, siempre es el primero en acercarse a los bomberos para ofrecerles una cerveza fresquita y decirles: "no se tenían que haber molestado, si aquí está todo controlado". 

Cuando su tenacidad agota al resto, todos nos movilizamos mientras el cuñao de mi cuñado se dirige pausado a la nevera, saca una cerveza helada y empieza con su labor de asesoramiento: "Mejor sarmiento que pastilla, que luego huele la carne a gasolina. Ponle más periódico. El Marca no, que todavía no he ido al baño. No metas ese tronco que lo ahogas... Mete primero esto, que se hace antes. Dale vuelta a la carne, que se te pasa. Se te va a pasar. Se está pasando. Esto está pasado. Dale aire que se te mueren las brasas. Muévelo y dale aire. Dale aire. Dale, dale...". Y cuando estás dejándote el pulmón con la deshonrante posición de culo en pompa y la cabeza girada, desde el otro lado y sin avisar el cuñao de mi cuñado, fuelle en mano, te deja sin cejas.

Con media barbacoa bajándote por el esófago miras su cerveza fría y, aunque sea Cruzcampo, suplicas una con los ojos llorosos por el humo. A lo que él, siempre sagaz, recibe el recado y responde responde: "Espera, que te traigo una birrita para que te refresques". Justo antes de marcharse despacio hacia la mesa para no volver gritándole a los demás: "No le digáis nada, pero se le ha pasado la carne y el fuego se le está apagando".

EL CUÑAO DE MI CUÑADO (entregas anteriores)



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