martes, 30 de agosto de 2016

EL CUÑAO DE MI CUÑADO

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A pesar de ese constante alardear de relaciones públicas y don de gentes, el cuñao de mi cuñado huele a cerrado. Su constancia para hacerse fuerte junto al mueble bar de casas ajenas es digna de estudio, solo pisa la calle en Fiestas. "Tranquilos, que a la gente de esta peña los conozco yo, de aquí salimos invitados". Ni en San Fermín he visto correr tan rápido huyendo del peligro.

El riesgo de quitarle el olor a cerrado al cuñao de mi cuñado es que en el oreo siempre hay daños colaterales, víctimas inocentes que no lo ven venir. Pero al final, no nos engañemos, hablamos de supervivencia y, lo mejor es, cuando ves que ha hecho presa, andar hacia atrás para que si mira de reojo piense que sigues avanzando, y huir masticando una plegaria por el pobre incauto que acaba de ser sacrificado para contentar a los dioses del cuñadismo.

EL CUÑAO DE MI CUÑADO (entregas anteriores)


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