jueves, 4 de agosto de 2016

EL CUÑAO DE MI CUÑADO

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El cuñao de mi cuñado tiene la desquiciante costumbre de negar con la cabeza cada vez que alguien habla. Un gesto que suele acompañar con una sonrisa de condescendencia que cualquier juez entendería como atenuante.

Al cuñao de mi cuñado le vale todo lo que se publica en internet, sea lo que sea y provenga de donde provenga. Si lo ha leído en internet un extraño resorte salta en su cabeza para convertirlo de inmediato en verdad absoluta e incorporarlo a su inagotable argumentario de estulticias.


Su incansable capacidad para llevar la contraria unida a una disfunción genética que le impide dar su brazo a torcer y su inagotable berborrea le convierten en un tipo más peligroso que un gremlin en el Aquópolis.

Ahora mismo lo tengo aquí, a menos de un metro de mi oreja, subiendo el tono para defender que "si le das nocilla a un perro aparece Ricky Martin en tu habitación". Después de tres horas enrocado en que "eso es así porque lo he visto en internet", no tengo más remedio que dar por buena su aparición mariana con leche, cacao, avellanas y azúcar.




EL CUÑAO DE MI CUÑADO (entregas anteriores)




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