miércoles, 5 de octubre de 2016

EL ASESOR: Diario de campaña

62. Después de la tormenta




El Asesor no tardó en entrar en el despacho del candidato con una orgullosa sonrisa y un “tranquilo jefe, después del vodevil, las terceras están cada vez más lejos”. Después sacó el cuaderno de la chaqueta, algo así como su Oráculo de Delfos de bolsillo y le planteó lo que iba a pasar: “los que lo tienen todo ganado intentarán sacar provecho para pedir más de lo que merecen, y los que están al borde del cerrado por derribo procurarán que todos crean que dar su brazo a torcer costará mucho más de lo que realmente será. Escenificar el abrazo del oso es un puro trámite. Una abstención en bloque parece conceder más de lo admisible, señalar a seis sería como echarles a los caballos. Para estos casos la libertad de voto asegurando unos mínimos suele ser una opción más que razonable y bla , bla, bla…”

Mientras Juan Cuadrado hace alarde de locuacidad, el candidato, que dejó de escucharle cuando le aseguró que no habría de nuevo elecciones, mira con cierta envidia a los partidos grandes, con capacidad para convertir en chirigota sus guerras intestinas, la reubicación de alumnos díscolos en sus pupitres del Congreso y un ángel caído abonado al pucherete.


“…bla, bla, bla y mientras todo esto sucede lo más importante es que tú podrás sine die seguir bebiendo en el bar del Congreso tus gintonic a precio de saldo”.

EL ASESOR: Diario de campaña (entregas anteriores)


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