miércoles, 8 de febrero de 2017

VENTURAS Y DESVENTURAS DE EL TITI Y EL MARQUÉS

En el frenopático que es El Tropical siempre hay sitio en su delirante catálogo de personajes para una artista invitada como Angelines La Boletos. Angelines, viuda de banquero tacaño, perdón por la redundancia, se bebió la herencia de un matrimonio sin hijos y, agotadas las divisas, fue incapaz de asumir que tocaba cambiar el cuero del bemeuve por el escay del seiscientos. Buscó sin éxito otra billetera que le financiase los excesos. Y ahora, con un cuerpo tan seco como el carácter, intenta hacer la calle sin fortuna y, resignada, se gana a pulso el apodo cazando incautos que le compren boletos sin premiar y haciendo resúmenes a voz en grito de lo que ha leído en los periódicos que encuentra rebuscando en la basura.

Cuando pasa por El Tropical, Angelines La Boletos sigue el mismo ritual: pide anís seco y una torta de Inés Rosales, se acerca al teléfono del local y llama a alguien a quien le habla a gritos de una actualidad que solo existe en su cabeza.

La parroquia de El Tropical, resoplona y resignada, espera en silencio a que La Boletos termine su resumen de prensa y respiran aliviados cuando abandona el local.

-Manolo, ¿se puede saber cuándo vas a quitar ese teléfono de una puñetera vez? -pregunta El Titi, todavía con el zumbido de los gritos agarrado al tímpano.


-El teléfono lleva años sin señal.


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